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Por 12 octubre, 2022 0 Comentarios Leer más →

Reflexión por el 12 de octubre

Este 12 de octubre, el profesor Arón Bañay* nos invita a continuar cultivando en comunidad la memoria activa de nuestros pueblos, en clave latinoamericana y también mundial, como en el sentir del poeta cubano José Martí “patria es humanidad”.

Quinientos treinta años transcurren tras el inicio de la conquista, que como río revuelto, no se detiene. A medida que las nuevas generaciones descubrimos la historia, des-cubrimos nuestra mirada y reconocemos a nuestro lado a tanta hermandad invisibilizada, perseguida y negada, nuestro fuero interno se conmueve y enciende, pequeños faros en la larga noche de los quinientos años.

Medio siglo tiene ya, una obra que como yesca enciende nuestras antorchas del pensamiento y  posibilita, como lo ha hecho con nuestras generaciones pretéritas, pensar en la otra historia. En América Latina, las venas continúan abiertas, más no sólo en nuestras tierras. El mundo se desangra. No todo está perdido, Nuevas Venas aparecen a contener la hemorragia del olvido, a avivar en nuestras antorchas la llama.

Aprendemos del pasado, en la medida que nuestra experiencia actual se ve afectada por el devenir de la historia. Más aun aprendemos, con lo que vivimos y nos pasa, en el dolor de la carne se manifiestan nuestros aprendizajes.

Acumulamos heridas en estostiempos de sobre información e irresponsable desinformación. Persecuciones judiciales y mediáticas combinadas, a las que llaman “lawfare”, asesinatos (como el de Fernando Báez Sosa por un grupo de jóvenes que le propinaron mortal paliza bajo el mote clasista y racistade “negro de mierda”, tan frecuentemente escuchado a lo largo de nuestro país); violencia contenida en discursos que configuran acciones de odio. Desapariciones y muertes en democracia (Jorge Julio López, Santiago Maldonado, Rafael Nahuel, algunos nombres que resuenan recientemente en Argentina), apremios ilegales y “castigos ejemplares” con cárcel a mujeres indígenas. Una líder lleva casi 2500 días detenida, y funcionarios cómplices de acciones espurias prófugos de la ley. Persecuciones a “beneficiarios” de programas sociales, desconocimiento y represión a comunidades indígenas, mientras multinacionales mineras exprimen la tierra sin mayores gravámenes. Tienen casi cien años las palabras de José Carlos Mariátegui “el problema del indio, es el problema de la tierra”. Letra muerta contenida en la Ley 26.160 que declara la emergencia territorial de las comunidades indígenas originarias del país; que suspende la ejecución de sentencias, actos procesales o administrativos cuyo objeto sea el desalojo o desocupación de las tierras que ocupen las mismas. Discurso políticamente correcto de los estados, con relevamientos y promulgaciones que se prorrogan tanto como el sufrimiento de los pueblos directamente vinculados. Todo esto, mientras se sostiene, que en este país que construimos a diario, no hay racismo, porque nuestro origen común como nación hay que buscarlo en los barcos. Es cierto, la historia en estas tierras de no pocos compatriotas comenzó con la llegada de barcos procedentes de Europa. Sin embargo, para otra parte, fue en barcos esclavistas con destino a los principales puertos de comercio de esclavos del Río de la Plata y del Brasil.

Aunque lo neguemos, el racismo es un flagelo que horada la diversidad constitutiva de nuestras sociedades. Actúa silenciosamente, de forma solapada, y en ocasiones explícita y abiertamente. Corroe mediante un tipo de discriminación que jerarquiza a las personas por su identidad étnica, su color de piel o su posición socioeconómica, afectando en América Latina especialmente a las personas de pueblos indígenas y afrodescendientes. Este tipo de clasificación de las personas, se refleja no sólo en los prejuicios y descalificaciones, sino también en la exclusión y menosprecio de sus historias, lenguas y conocimientos de nuestra conversación cotidiana (cuando no hecha de adjetivaciones ofensivas), como también en la exclusión de los planes de estudio de todos los niveles del sistema educativo. También se evidencia en la escasa participación de personas de pueblos originarios y afrodescendientes entre el estudiantado, docentes, autoridades y funcionarios. Estos problemas no afectan tan solo a las personas y a los pueblos indígenas y afrodescendientes. El racismo nos empobrece y embrutece, contribuye a que las venas continúen abiertas. Recibe escasa atención por parte de las instituciones públicas, los medios de comunicación y las Instituciones de Educación Superior (IES).

A pesar de los dolores y las venas que aún desangran; de las persecuciones, desapariciones, la calumnia y la destrucción, resiste la larga marcha de los pueblos, faros y antorchas que con su luz de esperanza iluminan el paso de quienes creemos que otro mundo es posible, que otro tipo de relación con la tierra es urgente y necesaria, que un modo de “buen vivir” nos acerca a la escurridiza utopía galeana.

* Lic. Arón Milkar Bañay (n. 1987), docente del Departamento de Antropología Social de la UNaM. Investigador Residente de la red interuniversitaria ESIAL “Educación Superior y Pueblos Indígenas y Afrodescendientes en América Latina”. Centro Interdisciplinario de Estudios Avanzados. Universidad Tres de Febrero (CIEA-UNTREF).Miembro de la red de colaboradores de la Iniciativa para la Erradicación del Racismo en la Educación Superior.

Contacto: ambanay@fhycs.unam.edu.ar

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Publicado en: Secretaría Académica